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martes, 3 de mayo de 2011

La fiesta Negra

Los jovencitos se visten de gala.
Lustran sus zapatos y usan su mejor ropa.
Aquella que les han regalado.

Se suben a ese vehículo de aspas.
Como si volaran por el cielo llegan
al lugar indicado.
Al parecer esta fiesta ya ha comenzado.

Tan pronto ponen los pies en la tierra
se dejan invadir por el sonido,
por ese halo de celebración.
Afinan sus guitarras.
Y se abren paso, es la hora del baile.
Las luces parpadean torpemente pero
ellos estan invadidos por el espíritu
del carnaval.
En la pista de baile, claramente hay
personas disfrutando. Pero sin
los rostros no hay orden.

Entonces, un movimiento torpe
permite visualizar una cara.
Una llena de pánico.
Fría y sudorosa.
De jovencito.
Nuestros muchachos abren fuego.
Y empieza la serenata de muerte que
desde tan lejos se trajo.
Bailan un vals de sangre mientras
aquellos que ya danzaban se desangran
en un frenesí de pólvora, y humo.
Las trompetas están afinadas en
la clave de miedo.
Y los violines suenan a odio.
La gran orquesta es un demonio que devora
niños con sus manos.

Los nuestros reciben bajas,
pero todos sabemos que así son las fiestas.
Al menos estas, en las que se baila en medio de la selva.

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