Ahora estos payasos que se adornan
con un nudo de látigos.
Destinados para el pueblo, el mismisimo que los armó.
Terminan caminando por las calles empobrecidas
con aires de principes. Olvidandose pues que son
hijos de lacayos, hijos de lustrabotas
que parió esta patria asqueada y llena de pulgas y garrapatas.
Se esconden detrás de su mismisimo uniforme,
¡Oh sí! bien lo dirías tu Federico.
Escondiendo su mismisa uniformidad.
Como si a esta tierra sus insignias de cobardía
compraran.
Como si del hampa de sus figuritas se diferenciara.
Pero la seguridad pareciera inundar esos pasos de estupidez
Disciplinada.
Y quisieramos nosotros, nosotros
que se acordaran de sus infulas fracasadas de perdedor ignorado
a la hora de hacer frentre al mal.
Mal mismo que ha de infiltrar sus ya podridos corazones.
¿Y entonces, donde quedó tu sueño José Antonio de la Santísima Trinidad,
de un pueblo en armas?
¿Ves desde allá lo que yo veo?
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