Juanete

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martes, 31 de mayo de 2011

Oboe

Te busco entre las calles grises y frías.
JUgando a encontrarte.
Recorriendo andenes,
pasando días y noches.

Lo cierto es que no he querido hallarte,
no he querido sumergirme en la profundidad de tu misterio.
Cierto es que prefiría no verte si me sonríes.
NO escuchar esas palabras que se dicen tantos, y a las que temo.
Huir de tus manos que buscan las mías un domingo al atardecer.
De tus besos de flores,
de esas miradas de mariposa,
de los te quiero y te amo.
Huir de ti que más quisiera, si te encontrara en mis calles.

¡Y como no hacerlo!
Si aparecerías como una cerilla en mi noche,
alumbrando todo de a pedazos,
dejando el silencio entredicho.
Llenarías mis días de colores,
me saciarías la sed de ti.
¡Y entonces, y entonces!
Para que volvería a buscarte
Porque querría yo, cambiar el frío de tu ausencia
por la calidez de un abrazo?
Porque querría yo abandonar la tormenta,
por un una tarde de verano?.

Igor

Es un asno.
De un tamaño promedio,
Con una tupida cabellera rubia.
Mastica despacio esa yerba vieja y seca.
Alimento que los Dioses inventaron sólo para él,
eso dice.
Camina con gracia mientras se pasea con su vaso de scotch.
Sus lentes son más oscuros que la cuna del sol.
-¡Hey burro!- grita la mantis religiosa -¡Ten cuidado
Eso es un acantilado!-
-Vean a este- dice nuestro animal confiado.
-Yo todo. Todo lo tengo dominado.-

-Burro, ten cuidado-
Fiu!
en el fondo del peñasco quedó empotrado.

martes, 24 de mayo de 2011

Verano II

El viento se voltea furioso cuando llega hasta el final del mundo para regresar,
y recordarnos que esos muertos son de nosotros.

La tierra seca se levanta, y el sol implacable calienta todo lo que alcanza a ver.
el desierto está rabioso. el viento sopla hacia el norte arrastrando ese aire caliente.
Y nosotros estamos en la mitad de esa inmensidad. Por encima de nuestras cabezas, azul infinito.

Miro a Steban y debajo de su sombrero, puedo ver su cara de fatiga. Está cansado, lo conozco.
Pero bien sabemos que es muy pronto para volver.
La sangre llama sangre dicen por ahí. Y nosotros la llamamos primero.
Por eso resultamos en el fin del mundo deshaciéndonos de esa sangre maldita.
2 metros bajo tierra. Y su rostro empieza a desaparecer de mi memoria. 
De la de Steban, definitivamente no. 
Cómo olvidar esa cara que él y yo sabíamos le iba a costar tanta sangre que sería preciso entregar su vida.
Fue un error. Steban lo sabe y yo apenas lo miro con lástima. Es su problema.
Yo sólo soy el buitre que espera a que se vaya para reclamar mi parte del manjar.

Verano I.

 5 de Julio de 2010
En la noches el cielo se rompe.
Y no tengo nada más que la memoria
de lo que la luz trajo
y la oscuridad arrastró.
Soy un niño que grita en el vacío.
Ese que pinta la luna.

Mientras mis lagrimas se evaporan.
Escribiendo con tiza en el suelo.
Finalmente tengo una calle escrita con cenizas.

Y volvemos todos a ser iguales.
Como lo fuimos al nacer. 



Momentos de Amor

Porque siempre se sientan en esa banca
bajo ese silencio descascarado que empolvilla todo.
Desesperados con la oscuridad que se inmiscuye 
hasta en el más recóndito pensamiento.

Porque él dirá versos al aire.
Que ella vomitará sobre el suelo
Él besará sus manos.
Mientras ella afila sus engaños.

También porque ella tejerá promesas
que él romperá.
Ella cuidará sus retoños,
porque él los olvidará.

Porque se mienten bajo la luz de la luna.
Fingen una dulce melodía.
Y se juran momentos.
Que ambos saben no llegarán.

Porque tienen miedo y la soledad agobia.

martes, 17 de mayo de 2011

Intentemoslo

Vamos rompernos las yemas de tanto sujetarnos.
Que parezcamos animales,
untarnos los dedos de todos y cada uno de nuestros fluidos.
Vamos a explorarnos a la luz del día.

Olvidemos nuestros secretos.
que queden expuestos.
Dejemos la pulcritud.
Olvidemos todos esos cuentos.

Crucemos la línea del bien y del mal.
Despacio. Rápido.
Recorramos nuestros cuerpos.
Con la lengûa. pulgada a pulgada.
Crucemos el umbral.

Sube y baja. 
Hasta el final.
Suspirar y sudar.
Gemir y cantar.

Sintamos como es eso de llegar.
Como es eso de ser uno y volar.

Quedémonos inmoviles,
como si muriéramos un poco.
No del todo, solo un poco.
Apenas para abrir las bocas 
llenas de flores.
Con sed de más.
Siempre esa sed de más.

Ya vendrás

Quiero que vengas y te enredes en mis vacaciones,
que suspendamos el tiempo y que nos veamos como humo.

Humo que asciende y luego se disipa.
Sentir que nos disipamos juntos.
 Mientras nos engañamos y el tiempo se nos ve en las caras.
 Y en su momento  amanece y estas más allá del mar
y siento entonces que todo volvió a empezar.

 Quiero que seas parte de mis vacaciones,
escribir historias en las nubes con la tinta de tus besos.
Que la mañana florezca en nuestra piel y los atardeceres
sean el nudo de nuestros cuerpos.

martes, 10 de mayo de 2011

Y ahora ¿qué?

A mi no me vengas con esos aires de tristeza.
No quieras tu que sienta pena por ti.
Si bien te busqué fue,
no por otra razón,
no otra tan ajena a que resultaste lejana.
Porque compartimos lo que se comulga a solas.
El silencio que hoy me vienes rompiendo
con esas letras mal acomodadas que me fastidian
y me pesan en el alma.
No por que tengas razón,
por el contrario -bueno casi- 
es porque en mucho me he equivocado,
bien sabía yo
que no hay que buscar mas allá de los ojos timidos,
que la mirada apenada no resulta ser tan buena como lo es en principio,
pero sobretodo y como quisiera equivocarme,
que no es una puerta al cielo.
Es una condena al infierno

La anónima

Jue 7. Bar.
Terminaremos enredados.
yo en tus piernas
y tu en mis tragedias.
Nos hundiremos en un pozo de miseria.
Hasta que la oscuridad me escupa lejos de ella.

Y mientras tanto, yo seguiré enredandome aquí y allá.
Si puedo.
Sí, puedo.

Jue 14, Guarida.
Escapas de tu vida y te internas en la mía,
en medio de esta oscuridad pesada.

Te tomo la mano
y tu me halas a tu lado.
Te deseo en la cocina
pero para entonces ya estamos en mi cuarto.
Te quito el pantalón.
Tu insistes en conservar tus zapatos.
Me quieres cerca y yo me mantengo alejado.

Esta historia pudo haber sido sencilla,
¡Pero no! Te has enamorado.
Que tonta.
¿Que no ves que estoy asqueado?

Calma calma, ya he terminado.

Judea

Quizá la tarde está gris.
A lo mejor es una mañana soleada.
El día puede ser sábado
O bien un domingo feliz.
Y mientras se terminan de definir,
esos rasgos tuyos,
la hebrea termina su té.

Quiebra el terroncito de azúcar.
Tres partes iguales.
Una para los muertos.
Una para un Dios que no vive en los cielos.
Y la otra termina bajo sus yemas.
Como lo disfuta.

Dios toma su parte -Siempre toma lo suyo, siempre-
Incluso sin estar en el cielo.

¡Pero los muertos!
Los muertos nunca se llevan nada.
Y lo dejan todo.
La osamenta pesada.
Los recuerdos laureados.
Las historias que nuestras hebreas aún no han superado.

De caballeros y carabineros

Ahora estos payasos que se adornan
con un nudo de látigos.
Destinados para el pueblo, el mismisimo que los armó.
Terminan caminando por las calles empobrecidas
con aires de principes. Olvidandose pues que son
hijos de lacayos, hijos de lustrabotas
que parió esta patria asqueada y llena de pulgas y garrapatas.
Se esconden detrás de su mismisimo uniforme,
¡Oh sí! bien lo dirías tu Federico.
Escondiendo su mismisa uniformidad.
Como si a esta tierra sus insignias de cobardía
compraran.
Como si del hampa de sus figuritas se diferenciara.

Pero la seguridad pareciera inundar esos pasos de estupidez
Disciplinada.
Y quisieramos nosotros, nosotros
que se acordaran de sus infulas fracasadas de perdedor ignorado
a la hora de hacer frentre al mal.
Mal mismo que ha de infiltrar sus ya podridos corazones.
¿Y entonces, donde quedó tu sueño José Antonio de la Santísima Trinidad,
de un pueblo en armas?
¿Ves desde allá lo que yo veo?

Suspendido

Desenredame los ojos.
Con calma, que será la última vez que te mire.
Bajame con cuidado,
acuerdate que me llevas al infierno.
Cierralos.
que ya no pertenecen a esta tierra.
arrancame el corazón, que aún está latiendo.
Llevame pronto.

Dile a mis amigos que no estoy muerto.
Cuentales que he ido detrás del viento.

Sigue bajandome que apenas comienzo este viaje,
en el que me pusiste con esmero.
Hundeme más.

Asegurate de que no quede nada de mí.
Termina de secarme el alma. Guardala contigo.
Para mí, bien lo sé, sólo habrá silencio.

Asegurate de olvidar los pedacitos de cielo que robé para ti.

Olvida también porfavor,
el miedo infantil que me  invadía cuando me mentías.
Ignora que fui tuyo, y ahora acabame como un extraño.
Mientras yo recuerdo que juntos vivimos un par de sueños.

Dejame ir ahora, de una vez por todas.
No quieras torturarme por más tiempo.
No quieras hacer más extensa esta eternidad.
No quieras ser parte de mi infinito presente de tragedias.

Afuera

 Cierra la puerta.
Contigo del otro lado.
Pensaré un poco en ti,
mientras fumo un cigarro.
No querré volver
una vez más a tus brazos.
Dices que me quieres.
Y eso no sé como interpretarlo.

Dispararé cartuchos.
Espero no hacerte daño.

martes, 3 de mayo de 2011

Asesinato

La luna se rie de él.
EL sol, esquizofrénico se asusta si le mira a los ojos.
EL humo se disipa y despeja el cádaver.
EL cuerpo, sin vida.
Yace sobre un charco de sangre.
Y sobre otro más grande, de parafernalia
de poemas óxidados,
de rimas inconclusas y métaforas malsanas.
¡Malsano aquel que arrebató sus ojos al mundo!
Malsano aquel que como la lanza del destino se abalanzó
sobre su mismima desgracia para repartirla entre los hombres
como pedazos de pan. ¡Y entonces como fiesta del gran bacco
se bañan en vino y juegan a las escondidas entre los matorrales
prohibidos! Para terminar asfixiandose los unos a los otros
con buenas excusas y pretextos de un mundo mejor, en una
orgía de muerte y putrefacción que vive canta y muere
al son de una opera cladenstina en los suburbios de la miseria.
Y para el que quiera cruzar el río de hambre y almas ennegrecidas por
el odio que rodea el mismimo averno humano, sólo quedará
la desgracia infinita de morir lejos de casa.

Cubitas

Escribiré unas pocas líneas. Unas líneas de afán que primero me leyeron a
mí y luego las escribí. Yo a ellas.
La noche se explayaba como una sabana oscura sobre el mundo.  Sobre el mío.
Las bocanadas de humo contrarestaban el frío que se rompía sobre mí.
El viento se iba, y mientras que lo hacía yo le daba un poco de mi alma
para que se la llevara lejos. Para que tocara esos cuerpos ajenos.
Esos ojos que no me miraban en esa noche. Para que inundara la vida de alguien.
Así fuera por un instante, alguno tan pequeño y fugaz como el mismo que sacaba
de mí la esencia del tabaco quemado. Mientras esa promesa se disolvía con la brisa, que furiosa se arrancaba lejos de mí, yo sostenía en la mitad de la noche
ese incienso de vacío. Ese puntero de paz. Y la paz de momento a otro se arremolinaba sobre mí. Me daba vueltas y me sentía entonces como un bucanero que camina sobre su barco mientras rodea el cabo de buena esperanza en una noche fría. Como la mía. Con una brisa alebrestada. Como la mía. Y entonces tomé el incienso de estrellas y lo alejé de mi cabo y de mi esperanza. Que para entonces no era buena y de un puntapié cruzó la calle. Entonces me devolví sobre mis pasos, recogiendolos uno a uno y cuando dominaba la cumbre de mi camino,
sobrevino la tragedia y vi como mi humanidad salía por mi boca con un sonido sordo que de momento me daba tranquilidad y  me dejaba en el piso indefenso. Mareado y con la plena seguridad, de que la paz está metida en alguna parte de mis entrañas y que cuando se marea, se sale por donde vino sólo para hacerme sentir lo humanisimo que soy.

La fiesta Negra

Los jovencitos se visten de gala.
Lustran sus zapatos y usan su mejor ropa.
Aquella que les han regalado.

Se suben a ese vehículo de aspas.
Como si volaran por el cielo llegan
al lugar indicado.
Al parecer esta fiesta ya ha comenzado.

Tan pronto ponen los pies en la tierra
se dejan invadir por el sonido,
por ese halo de celebración.
Afinan sus guitarras.
Y se abren paso, es la hora del baile.
Las luces parpadean torpemente pero
ellos estan invadidos por el espíritu
del carnaval.
En la pista de baile, claramente hay
personas disfrutando. Pero sin
los rostros no hay orden.

Entonces, un movimiento torpe
permite visualizar una cara.
Una llena de pánico.
Fría y sudorosa.
De jovencito.
Nuestros muchachos abren fuego.
Y empieza la serenata de muerte que
desde tan lejos se trajo.
Bailan un vals de sangre mientras
aquellos que ya danzaban se desangran
en un frenesí de pólvora, y humo.
Las trompetas están afinadas en
la clave de miedo.
Y los violines suenan a odio.
La gran orquesta es un demonio que devora
niños con sus manos.

Los nuestros reciben bajas,
pero todos sabemos que así son las fiestas.
Al menos estas, en las que se baila en medio de la selva.