Juanete

Páginas

martes, 2 de agosto de 2011

¿Para qué?

Este arte quizá no salve a nadie,
más bien es posible empuje a unos cuantos,
servirá de excusa para las tardes tristes
y será conveniente con un café,
convencerá con el humo de un cigarrito
y confirmará la soledad de los días.

Afirmará tantos miedos ocultos y olvidados.
A lo mejor no es uno de esos de los que ascienden,
seguramente bajará peldaños hacía el vacío y el silencio.
Sus pretensiones seran las huellas del viento, a lo mejor.

Para obtenerlo es necesario una medida de tristeza
media de amor, un cuarto de desesperanza y un octavo de de dolor.
Una vez se pone todo junto, realidad e imaginación caminan de la mano.
Estrechando con fuerza la rabia de los muertos vivientes con los mimos de la calle,
doblando cada uno de los sentimientos,
quebrandolos una y otra vez hasta hacerlos cenizas.

Defendiendo nada y más bien poco, defendiendo lo indefendible aferrandose a lo inocuo,
ahogándose con gracia, pudriéndose con voluntad propia.
Detallando la muerte misma, sentada frente a un espejo.

Implicando a los desentendidos, a los callados.
A los que la voz se la quitó la brisa, los muertos o los ancianos.

¿Pero ofrecer?
De eso si no se tiene un carajo

No hay comentarios:

Publicar un comentario