El momento esperado.
La ansiedad se envuelve en mí como una pitón,
como una boa constriñendo todo mi cuerpo.
Pero mis labios están calmos y pacientes.
La palabra precisa se me perdió
y corro como loco buscándola.
Quisiera encontrarla antes de que note mi presencia.
Quizá ya sabe que estoy aquí.
Quizá sólo me quiere torturar un poco,
y se ríe de como escarbo mi cabeza
como un niño su baúl de juguetes.
Pero yo no busco un simple títere.
Yo busco un motivo, una razón.
Busco algo que me permita hallar,
lo que ella me robó
quizá también sin notarlo.
Quizá lo notó tanto que bien lo escondió.
Disimulo, no hay delator.
Soy la viva muestra de la imprudencia.
Pero, ¿igual que?
Confiesa.
Ante la duda, cariño.
Que puedo hacer sin tu incertidumbre
Un paso arriesgado. Como todos en esta cadena.
Acto tras acto,
la escena sólo puede resultar bien.
Determinante.
Esta obra la escribimos juntos.
Yo he escrito una comedia,
y de tus líneas puede salir una tragedia.
En esas líneas que por obligación escribirás.
-Porque tus movimientos en éste mundo tejido
alguna fibra habrá de hacer vibrar.-
Dirán claramente si nuestra audiencia,
que somos tu y yo en distintos momentos,
preferirá llorar por encima de reír.
Preferirá huir por encima de celebrar.
Sólo un par de líneas y nuestra fugaz epopeya
sería una inútil adaptación de la Ilíada.
Y ¿para nosotros qué?
Para nosotros C, quedan dos cosas.
El silencio.
Y el fantasma del minuto que pudo, pero no fue.
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