La luna se asoma nerviosa por entre las nubes,
mientras que nosotros nos escondemos en un hueco que hay en el vacío.
El silencio que impregna los momentos raros se puede partir en dos,
eventualmente un pedazo será tuyo. El otro es mío.
Y como si supieras lo que te corresponde, me miras y tocas mis labios.
Tú, tan seca, tan disciplinada, tan fría, me miras y te beso.
Me alejas un poco, me tomas la mano, los pocos grados bajo cero se han ido.
Caminamos juntos rompiendo la bruma de la noche.
Subimos los peldaños de madera, tengo nervios y tu te ríes.
abres la puerta del teatro, los chasquidos anuncian nuestra llegada.
Te siento cerca y busco tu piel.
Somos un vórtice, giramos, nos detenemos, seguimos.
Te deseo más que nunca y entonces sobreviene le petit mort.
Y el segundo impávido se extiende y somos uno por un instante,
de momento viajamos a una tarde de verano frente al lago en que te conocí.
Tenemos los pies en el agua y me pierdo en el verde de tus ojos. Esa tarde te diría
que nadaras conmigo, y desde ahí sabría que el pez soy yo y el anzuelo lo pones tú.
Otra vez frío. Te abrazo, te duermes sobre mí. Te siento tan delicada, como imagino
serias antes de empuñar el fusil, antes de que te rompieran el corazón y te lo dejaran
con bordes afilados, cortándome, desangrándome. ¡Los pájaros cantan!
Tenemos que huir. El amanecer se acerca y no habrá entonces cómplice. No habrá quien cubra nuestros pasos mientras huimos por el bosquecito hasta llegar a nuestras cabañas. Te beso y te visto con torpeza. Salimos asustados, aturdidos, buscamos el norte para llegar al sur. Por fin entro a la casa. Duermo un par de minutos, dos horas más tarde estaré sentado bajo el sol extrañándote. Buscándote en una ciudad donde no estas, pintando un paisaje en el que no caben tus colores. Sabiendo que lo más probable es que el destino nos aleje cada día más. Y entonces,¿yo que hago con tus huellas? Y desde entonces te retrato antes del amanecer, sólo para saber que llevo tu estrella en mi.

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