Mientras se apilan palabras sin sentido en la pantalla la piel se va cayendo a girones. Retazos de recuerdos con un poco de imaginación gastada y resentida de caminos transitados y olvidados. De promesas rotas y de ideas floreadas sobre el tapiz límpido que se extiende sobre las cabezas.
La memoria juega un papel crucial y empieza a trastabillar desde la cima del cerro y no hay opción distinta que arrastrarse sobre el barro y avanzar con las piernas rotas. El calor y el miedo concuerdan en que las balas han alcanzado este cuerpo derrotado, entonces se despeja el horizonte y voy directo al ayer. Esa tarde dorada que se arropa con la sábana más azul que se pueda imaginar se estrella de frente contra los labios ausentes, contra esa mano que se deshace como arena mientras la sujeto en el frenesí mortal. Otro camino transitado que se lleva consigo los pasos, los besos, tantos besos.
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