Esos petalos de cristal se van quebrando cuando
los toco y se hacen migas como escarcha en las yemas
de mis dedos. Van brillando y desapareciendo mientras
el sol aparece rayando el piso de la habitación y me encuentra
arrinconado en la desesperación de ese silencio
que acompaña los días de mi vida que con paso torpe
me llevan a ti.
Y pronto el sol vuelve a irse y la negrura me inunda todo
y yo me pregunto que parte soy yo y empieza a ser el
fantasma que dejaste deambulando este mundo.
Me hará falta tu mirada inocente y tu sonrisa caprichosa
me hará falta tu presencia en mi mirar
tus pasos coreando los míos, como si se tratara de mí.
Y aquí sigo lanzando preguntas al aire que se fue contigo
para dejarme la tranquilidad de que al menos existe
un infierno y ese lo habito yo.
Y como no odiar al sol si me recuerda que los días pasan
sin ti. Que cada día estamos más cerca y cada vez te recuerdo
más lejos. Que el perfume de tu piel se le escapó a las flores
y que los pájaros no cantan más la melodia de tus colores.
Y yo no puedo hacer nada más que odiarlos porque olvidaron tu nombre
y el mío sigue anclado a estas tierras.
Como no querer que mi vida acabe pronto
Si te mato cada vez que te toco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario