Una monja que propone sexo oral.
Mientras se despeja de la turba oscura,
relevando hábito y buenas costumbres.
Un cristo que oculta su rostro.
Un buen quid pro quo quizá.
La suerte despabilará por su gracia
y él estará blasfemando enfermos y discapacitados.
Inspirando ambivalencias en piernas ajenas,
para terminar eyaculando con el tabique desviado.
Estimulantes. Líneas y líneas.
Una primogenitura que se desaría lesbica.
Pero que cuando cruza la esquina
se despotrica con vehemencia
contra Freud y sus demonios.
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