Me siento, me miro, me leo y me pienso.
Me analizo un poco, me agradezco y me contento.
Hoy la vida se me partió en dos. Hoy me casi-suicidé -Más suicidé que casi- porque mucho de mí se murió allá. Donde la arena es fina, finita y las curvas serpenteantes de la víbora gigante llevan ese verde impecable más allá del querer y se sube directamente por el huir!
Y mientras el huir subía el Andrés bajaba a una velocidad que ni él se creía. Y yo apenas miraba al Andrés mientras sus orejas -las nuestras, las que él y yo compartimos- vibraban rabiosamente por el fluir del viento. El silencio nos acompañó, el Andrés se mareaba porque todo se le perdía y yo veía como el pie derecho del Andrés se salía por el grillete, todo normal -según mi astuto proceder- fijo hoy seré noticia.
El sol se me metía como agua hasta los tímpanos y me iluminó tanto los sonidos que por un momento oí la luz y vi el silencio. Pero no duró tanto. El Andrés seguía colgado.
Yo estoy cansado y quiero escribir que te escribo que te escribiré un poema rápido e improvisado. Por que el Andrés se cae del sueño.
Pesado, cansado.
Se sube en las nubes y se desliza en la brisa.
Deja su abrigo, se quita el sombrero.
Saluda a la luna y la pierde de vista
Camina unos pasos, se siente agobiado.
El mundo entero le debe sus risas.
Se queda muy quieto,
se queda callado.
Es que cupido al amor ha encontrado!

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